sábado, 17 de mayo de 2008

LA LITERATURA: PALANCA DEL UNIVERSO

Una vida que transcurre sin aprovechar ese conjunto de conocimientos que encierran la historia, la novela, la elocuencia, la retórica o la poesía, nunca podrá ser, aún en medio de la hegemonía del materialismo de nuestro tiempo, una vida verdadera y completa.
El cuerpo y el espíritu han necesitado, desde siempre, del alimento para alcanzar el desarrollo equilibrado, que sólo se logra en plenitud cuando el hombre ha podído conjuntar en su casa el trigo y el libro.Como una canastilla llena de semillas y un anaquel lleno de páginas, que sirven para establecer la armonía de la existencia.
De los libros parten muchos caminos. Aquellos que siguieron alguno llegaron muy lejos y se acercaron a ese horizonte de esperanza que es la sabiduría, desafiando a su propio destino para no perecer en el olvido, la obscuridad o el anonimato. Son ellos los que, como vencedores de las desigualdades sociales engendradas con frecuencia por la pobreza, la ignorancia o el abandono, han podido erigirse en ejemplo, modelo y dechado de los demás hombres.
El libro y la escuela son los instrumentos que explican las vidas que parecen providenciales de BENITO JUAREZ, IGNACIO MANUEL ALTAMIRANO Y EL MISMO CARLOS ROMÁN CELIS, por mencionar algunas figuras en nuestra propia nación, quienes supieron trazar por medio de la dedicación al estudio, sus propios caminos de cultura que los condujeron a la grandeza.
Quizá por ello el libro tiene, cuando está abierto, la figura de dos alas en actitud de volar y son sus páginas la historia que asciende sin detenerse a envejecer. La literatura, o más bien el libro, como vehículo de permanente conocimiento, no ha sido substituido por la radio, la televisión o la cinematografía, sino que de él se nutren para el mejor desarrollo de sus programas y realizaciones que inciden de manera notable sobre las preferencias, criterios y educación de públicos cada vez más numerosos. De ahí se deriva la tremenda responsabilidad que pesa sobre los medios y sistemas de difusión contemporáneos, que pueden ser fascinantes por el manejo de las palabras, o bien peligrosos porque saben aprovechar sus secretos no sólo para el logro de penetraciones ideológicas y derrumbes de economías, sino para hacer estallar las guerras y aún para imponer la paz.
Un filósofo explica que después de que las palabras se han pronunciado en la boca de los inspirados, "los sucesos se ponen a seguirlas y las voluntades a obedecer, en ocasiones quedan sueltas por años y por siglos, dispersas en el ambiente", y las consecuencias obscuras las persiguen con vaguedad y las obedecen sin darse cuenta de su influjo.
Todos vivimos y nos movemos dentro del poder irresistible de las palabras, que se dan en medio de la confusión o la claridad; en el primer caso, para propagar el mal, y en el segundo para defender el bien.
La pluma, apoyada en la inteligencia, no es otra cosa, que la palanca que pedía Arquimedes para mover el universo y que, de su minúsculo punto de apoyo han de brotar siempre "el rayo que fulmina, la piedad que rejuvenece y la claridad que ilustra nuestras mentes".

No hay comentarios: