viernes, 26 de septiembre de 2008

EL DESENFRENO SEXUAL

Hoy el mundo se ha sexualizado. Aunque los países iberoamericanos todavía conservan hasta cierto punto las restricciones antiguas, la gigantesca ola de erotismo también nos va avasallando. Nos invade una gran propaganda en Pro del llamado amor libre: cine, conferencias, revistas, libros pseudo científicos, cátedras, novelas, etc. Esa propaganda representa un costo de millones y millones, que desembolsan quienes desean dominar el mundo. Un mundo entregado al desenfreno sexual se debilita.
Aumentan cada día las multitudes de jóvenes que desperdician sus preciosas existencias viviendo nada más que para el sexo. Así ocurrió en la decadencia de Roma y en todas las decadencias. Cuando los pueblos pierden la fe y el entusiasmo por los valores del espíritu como son el religioso, el ético, el artístico-, se entretienen en placeres materiales, mientras termina de morir aquella cultura que ya está agonizando. En la época moderna se han venido perdiendo tales valores espirituales, por los que sólo unos cuantos seres egregios sienten todavía fe y amor, pero al resto esto parece ya no conmoverles esos valores son los que ofrecen objetivos a nuestra existencia, son los que dan una razón por la cual vivir.
No es que el sexo sea malo, pero la desenfrenada libertad sexual sí lo es. Indudablemente, hasta hace poco se venía cometiendo un funesto error al considerar todo lo relativo al sexo como lo demoníaco. Se callaba con gran sigilo cuanto aludiera a ello. Si se toleraba el matrimonio, era porque no había remedio, no existía otro recurso para conservar la especie humana. Pero la mujer se llenaba de remordimientos por tener trato íntimo con su marido. En la época victoriana la mujer debía conservarse eternamente pasiva, no mostrar placer… y no tenerlo. Esta equivocada concepción del sexo no era cristiana. Al menos, no era católica. La iglesia sostiene que el sexo es nada menos que un sacramento. Y nunca se ha recatado para hablar abiertamente de cosas sexuales: Bendito es el fruto de tu vientre. antes del parto… en el parto… y después del parto.¨ La ceremonia eclesiástica del matrimonio es todo un himno al sexo y en la misa se prefigura el coito: a los novios los envuelven con el mismo velo, que simboliza la sábana del lecho;: los unen además con lazo de seda. A algunas novias, el sacerdote hasta les bendice el vientre con agua bendita delante de todos.
Pero la juventud actual ha perdido tan sublime concepción del sexo al abolir de sus vidas lo religioso. Se les ha vuelto un entretenimiento y no imaginan siquiera la profundidad de su misterio, su trascendencia, su nobleza, su excelsitud. Lo piensan como un juguete y nada más. Lo que estoy escribiendo es un llanto por el sexo, una amarga elegía por el desprecio con que ahora se le trata, pues ya gran parte de la juventud no lo usa al menos como la expresión del amor, como la necesidad espiritual de identificarse ansiosamente en todas las formas con la persona amada, sino como puro placer. Sensación que se obtiene con cualquiera, o a solas, y lo que es increíble, ¡con una máquina! ¡Que decadencia de veras espantable! ¿Se podrá llegar a algo peor todavía? Si. Hemos llegado. Las consecuencias del desenfreno sexual son pavorosas e incalculables, En nombre de la libertad para amar, se mata al amor. En nombre de la libertad sexual se mata al sexo. Se ha perdido el sentido y el significado de este, y lo preocupante de la situación es que se ha confundido la libertad con el libertinaje, que poco a poco nos hace perder el respeto a nosotros mismos, se habla del sexo como algo sagrado, pero no hay que confundirse y decir: “lo hago por amor” ¡Mentira!, no hay mayor prueba de amor entre dos personas que ver su amor convertido en frutos, en hijos, y actualmente se habla de sexo seguro, para buscar una alternativa que solucione los embarazos no deseados, siendo que el problema radica en el desenfreno y la poca ética que se tiene respecto a la cuestión del sexo, un término que muchas veces y como señalo anteriormente, se consideraba algo malo. Tristemente hay muchos factores que influyen, tanta pornografía, toda una industria que va arrasando con los valores puramente humanos y que las nuevas generaciones quizá no lleguen a conocer si no se hace algo. No confundamos sentimientos con instintos de naturaleza.

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